Un controvertido incidente sacudió el distrito de San Juan de Lurigancho, donde un policía identificado como Augusto Vellodas Marticorena disparó y mató a Max, un perro de raza Rottweiler, generando una ola de indignación entre los vecinos y activistas por los derechos de los animales.
El hecho ocurrió a las 6:30 am en el jirón Cotos, cuando Jenny Huanca, dueña del perro, permitió que su madre lo sacara para sus necesidades. Max, quien estaba sin bozal pero bajo tratamiento médico para epilepsia, se acercó a la policía mientras este subía a su motocicleta. Según Huanca, el animal no mostraba signos de agresividad.
El efectivo policial, argumentando sintiéndose amenazado, disparó dos veces contra el animal, acabando con su vida. Huanca afirmó que Max estaba tranquilo debido a su tratamiento con fenobarbital y que, previamente, el policía había amenazado con matarlo.
El cuerpo del perro fue llevado al Centro de Medicina Veterinaria Forense en Villa María del Triunfo, donde la necropsia reveló dos impactos de bala y fracturas en las costillas, confirmando la violencia del ataque.
El policía fue detenido y trasladado a la comisaría de Zárate, mientras la Fiscalía evalúa su situación legal. De comprobarse un acto intencional y sin justificación, podría enfrentar de 3 a 5 años de prisión por el delito de maltrato animal, según la normativa peruana.
Este caso ha reavivado el debate sobre el maltrato animal y el uso excesivo de fuerza por parte de miembros de la autoridad.