Tapado, Chacho y Los Gentiles

Muchos de los tesoros que partieron hacia Cajamarca durante la prisión de Atahualpa no llegaron a su destino.

Se conoce esta voz que viene de los andes peruanos refiriéndose a tesoros de dicho rescate u otros tesoros sepultados durante la conquista. Alrededor de estos tesoros se ha construido una serie de mitos y leyendas que hablan de condenados, de maldiciones para los ambiciosos y de gente que ha encontrado dichos “tapados” volviéndose ricos de la noche a la mañana.

Un efecto particular en la salud de quienes verídicamente han descubierto algún enterramiento de metales, sean estos preciosos o no es lo que en las serranías llamamos “CHACHO”. No es más que el efecto de los gases que se forman bajo tierra como producto de la oxidación de dichos metales. En especial, el antimonio es un gas letal que puede producir la muerte en caso de inhalación continua.

Esta creencia de la venganza del muerto aflora como defensiva, de respeto a los “gentiles”. Probablemente el respeto a los antepasados puede más que la ambición para el poblador andino, quien no ha abandonado sus creencias no obstante las niegue ante los extraños. Las tumbas precolombinas, poblados antiguos hoy han dejado de ser venerados, pero se supone que una fuerza sobrenatural la custodia castigando a los profanos.

El efecto del “chacho” es variable para los pobladores andinos, pasando de un leve sangrado de las fosas nasales a extrañas enfermedades estomacales, pulmonares y hasta la muerte. Existen también actos de sanación con presencia de ofrendas de frutas, alcohólicos, coca y animales.



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