Las pandemias que nos acosan | Columnista

Somos sobrevivientes de pandemias (propagación mundial de una nueva enfermedad) del pasado. Algunas llegaron y aun conviven con nosotros, como la peste bubónica, la viruela, el cólera, la influenza. La COVID-19 es la última y aun es poderosa porque ha encontrado como potentes aliadas a la mentira y la corrupción.

La corrupción, en cualquier período y latitud, crece y se afianza en tiempos de crisis; como ahora. Si esta es estructural, como ocurre en los servicios salud justicia infraestructura vial agua y saneamiento etc, termina cediéndole a los corruptos cuotas importantes del gobierno la y gestión de un Estado.

Ha ocurrido en el pasado y hoy, se aprecia en los grandilocuentes discursos de todas las tiendas ideológicas, sigue marcando el perfil y accionar de gran parte de los políticos “equipos de trabajo” y gobernantes de las américas.

En Perú, por ejemplo, los corruptos de las últimas décadas no se quieren ir. Han convertido también al actual proceso electoral en mercado, donde todo tiene un precio; considerando que tienen candidaturas testaferras a las que sólo les interesa el acceso al poder para instrumentalizar al Estado para su beneficio. Estas mienten y pagan a sus operadores mediáticos para que hagan circo y cajas de resonancia de lo que les conviene. Son expresión de la fallida democracia que tenemos.

En esta realidad, en los últimos días, la crisis estructural del servicio de salud y las marchas y contramarchas del Gobierno en la compra y uso de las vacunas ha facilitado, por el terreno fértil que ofrece, que la actual pandemia se constituya en un aliado perfecto de los corruptos que quieren hacer Gobierno. Están aplicando la regla del “todo vale” y, como es su estilo, solapadamente justificando la mentira y la corrupción.

También se aprecian, siguiendo a la prensa, compras sobrevaloradas de productos encaminados a mitigar los efectos de la COVID-19. Mientras esto ocurre, y ojo que sólo estamos anotando lo que estará pasando a nivel de Gobierno Nacional, miles de personas mueren. Desgarradora, extrema y dolorosa realidad, que muestra lo bajo que han caído quiénes dicen ser nuestros servidores públicos, líderes políticos y gobernantes. El mundo empresarial puede tener un papel solidario y responsable, no obstante prefiere hacer comparsa a quiénes mienten.

Por eso hoy, no sólo estamos luchando por salvar la vida de los más vulnerables. También enfrentamos a las pandemias de la mentira y la corrupción que se aprovechan de los débiles mecanismos de supervisión institucional de compras y adquisiciones del Estado y la escasa confianza ciudadana en sus instituciones, dos de las expresiones de crisis estructural en los procesos de prestación de servicios, para sacar beneficio de la desgracia ajena.

Que estas cosas nos ocurran en este tiempo, nos quita esencia. Por eso debemos, en la perspectiva de enfrentar y ganarle a los flagelos que ahora caminan juntos, generar acciones y respuestas integrales efectivas y eficaces de las instituciones persecutoras del crimen.

Son tibias y complacientes y ayudan a perpetuar la mentira y la corrupción, las posturas de sólo denunciar su mayor o menor “intensidad”. La integralidad efectividad y eficacia, que demandamos, deben estar basadas en un marco jurídico coherente con el derecho interno e internacional y de tolerancia cero a las formas de corrupción y, entre otros aspectos, con penas doblemente duras. Necesitamos procesos sociales inteligentes que los reten y “voluntad política” de todos los poderes del Estado de -verdaderamente- enfrentar la corrupción y no solo tiene que ver con lo que intente hacer un ministro o el Presidente.

Parte importante de esta lucha implica y más allá de coyunturas, porque como sabemos la corrupción es transversal en la mayoría de actividades del Estado, someter a procesos francos y abiertos de reestructuración al Estado, a fin de evitar la discrecionalidad, el secreto institucional y el monopolio de la información. Es derrumbar barreras y circuitos mafiosos existentes y construir política de Estado contra la corrupción y la impunidad.

A la COVID-19 lo venceremos en el tiempo desde la ciencia. A la corrupción y la mentira, que hoy también conspiran para matarnos, sólo los eliminaremos de nuestras vidas mejorando como humanos.