Las gafas violetas | Columnista

La organización de mujeres orientada a la conquista de objetivos que las beneficiarán en sentido comunal e individual, fue el contenido que esbozamos cuando tocó referirnos a la sororidad y a su doble dirección; no obstante, existe una situación que de modo ex ante se debe considerar, dado que, la antítesis presupone la comprensión de la tesis, siendo esta última, en el sector que nos ocupa, un proceso de conocimiento y reconocimiento que las mujeres experimentan a fin de considerarse como seres humanos vulnerables de manera individual, redefiniendo su rol y colectivamente, como el sexo débil.

Para poder identificar el es y plantear el no es, o no debería ser, es necesario que las mujeres de manera previa conozcan y hayan conocido su estatus y por ello, quieran negarlo, es decir, cuestionar el orden establecido; pues como afirma Nuria Varela, es imposible solucionar un problema si antes éste no se reconoce. Por eso, continúa la autora, se utiliza la metáfora de las gafas violetas, puesto que supone una manera distinta de ver el mundo, supone darse cuenta de las mentiras grandes y pequeñas en las que está cimentada nuestra historia, nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra economía, los grandes proyectos y los detalles cotidianos. Además, supone ver los micromachismos, la violencia a la que las mujeres están sujetas y ver cómo esta es cosificada día a día en la publicidad, enfatiza la autora.

Dado el preludio, la incursión discursiva que discurriremos a continuación está referida  a dilucidar la mirada que debemos dirigir a efectos de dar iniciativa al proceso de conocimiento que permita aprehender la realidad vista desde el ángulo violeta, realidad que evidencia las aún existentes brechas de género en el Perú.

En lo que respecta a educación, por ejemplo, según los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares del Instituto Nacional de Estadística e Informática, el analfabetismo afecta en mayor proporción a las mujeres que a los varones. Así, en el año 2018, el 8,3% de las mujeres eran analfabetas, mientras que en los hombres representó el 2,9%, existiendo una brecha de 5,4 puntos porcentuales; siendo Cajamarca el quinto departamento en presentar las tasas más altas de analfabetismo con el 11,5%.

Asimismo, esta misma institución de estadística a través del documento Brechas de Género, 2017: Avances hacia la igualdad de mujeres y varones, refiere que en el año 2016, el 31,5% de las mujeres de 14 y más años de edad no tienen ingresos propios, siendo esta proporción casi 2,6 veces más que los hombres (12,0%). Además, la brecha más significativa se presenta en las mujeres del área rural donde el 46,9% de ellas no tienen ingresos propios, mientras que en el caso de los varones representa el 12,7%.

Si nos remitimos al tiempo destinado al trabajo total, la fuente consultada establece que las mujeres peruanas trabajan aproximadamente 9 horas más que los varones, es de ese modo que en promedio ellas dedican mucho más tiempo al trabajo doméstico, así, mientras los varones dedican 15 horas con 54 minutos a la semana a actividades no remuneradas, las mujeres destinan 39 horas con 28 minutos, es decir alrededor de 23 horas más que los varones. En cambio, los varones dedican en promedio más tiempo al trabajo remunerado que las mujeres, siendo la brecha de 14 horas a bulto. La misma suerte corren los ingresos derivados del trabajo de mujeres y varones, dado que en el 2016, las mujeres ganaban en promedio 29,2% menos que sus pares masculinos. Uno de los motivos principales por el que las mujeres ganan menos, agrega la institución, es que muchas de ellas trabajan menos horas, por dedicarse a sus familias.

De igual manera la brecha digital de género, en tanto uso de las TIC, afecta  sobremanera a las mujeres, principalmente en el acceso a internet, ya que el porcentaje de mujeres internautas es de 5,7 puntos porcentuales por debajo del correspondiente a los varones.

Con esa secuencia y desniveles podemos detallar y adicionar indicadores tales como violencia de género, la cuota política femenina ulterior a la reforma de paridad y alternancia, la participación de las mujeres en la producción agropecuaria, derechos sexuales y reproductivos, acceso a la información, participación en la toma de decisiones comunales; que, con solvencia, seguramente, coadyuvará a identificar y comprender la situación de las mujeres peruanas en la actualidad, y consiguientemente, dirigir nuestros objetivos y actuaciones a cuestionar la data expuesta.

Una vez más, es una invitación a la deliberación y crítica constante, a tener conciencia de género si queremos vivir con dignidad y libertad al tiempo que construimos una sociedad justa y realmente democrática, como lo estima Varela; y no prescindir de ver, atentamente, la realidad a través de las gafas violetas.