Las ánforas del cambio | COLUMNISTA

Cronograma en mano, y fichas de afiliación en las puertas del Jurado Nacional de Elecciones – JNE, para ser incorporadas al Registro de Organizaciones Políticas – ROP, como muestra del caótico inicio de la carrera electoral a la presidencia y al parlamento peruano 2021. Así se dan comienzo las elecciones del Bicentenario en nuestra patria, sin haber superado la crisis ocasionada por la pandemia del Covid-19. Las noticias se han olvidado de las cifras catastróficas que nos enlutan como país, tanto como de los innumerables ciudadanos que aún se disputan una cama o un respirador artificial en los hospitales del territorio patrio. Pero hoy no hablaremos de la crisis sanitaria, hoy nos enfocaremos en la poca ilusión que nos causa regresar a las ánforas. Sincerándonos, un proceso eleccionario sin una pisca de emoción.

La democracia está tan sobrevalorada que las nuevas reglas de juego solo han demostrado el pésimo reformismo que disfraza una vez más la crisis política de nuestra patria. Reformismo que con la paridad y alternancia en las listas de candidatos, no garantiza en nada que el próximo parlamento sea paritario. Reformismo como la no cancelación de la inscripción de los partidos por oscuros aportes de campaña; a lo mucho sanciones minúsculas. Así empieza la carrera electoral exprés hacia la presidencia y el parlamento, que a decir verdad en nuestra región solo ha demostrado que lo importante es completar la plancha a como dé lugar, incluso si viejas cúpulas terminan reciclándose en partidos distintos a los que respondían en un principio. Para ellos, todo es posible por una curul.

Este último mes en Cajamarca, las tertulias con amigos ex dirigentes estudiantiles, sociales y jóvenes activistas políticos, me llevaron a reflexionar sobre los actuales partidos de izquierda, centro y derecha, y si éstos habían siquiera analizado a profundidad sobre las nuevas opciones políticas, que por ley deberían llevar ahora en sus listas. Decenas de amigos, amigas, compañeros y compañeras me comentaban que era su momento de dar un paso al costado de los utópicos idealismos zurdos y/o conservadores (en algunos casos), e iniciar un proyecto completamente nuevo, que empiece por romper con las viejas prácticas partidarias, y tomar el poder desde los espacios que mínimamente les han otorgado para este proceso electoral, partidos con opción considerable según las encuestas actuales.

Particularmente considero que luchar por el CAMBIO no se puede hacer desde un solo flanco –y/o trinchera, si los rojos así lo quieren– y menos desde donde las viejas y nuevas guardias han aprendido y heredado que solo es valedero las opciones caudillistas, a quienes se las coloca como cabeza de lista electoral.

Valgan verdades, a la actualidad la “unidad” de la izquierda ya no se sostiene en la convergencia programática, ni mucho menos en la plataforma de las ideas. A decir verdad, es nostálgica de las épocas y glorias del pasado. Pero lo más grave y sintomático es que la izquierda millennial, tanto como la reciclada, han abandonado el propósito de construir poder popular.

Decenas de buenos actores políticos, cuadros jóvenes que de seguro renovarán la política en nuestra región, este reciente miércoles treinta de setiembre se han incorporado a sus nuevos partidos políticos. Serán candidato/as, y dejarán su militancia de primaveras universitarias para enfrentar desde otras tribunas –alejadas, en algunos casos, a las de su formación política– para ganar un espacio merecido, pero que se les fue esquivo en sus partidos primigenios, como voceros o candidatos, por años.

Nuestra historia cultural en las urnas, va unida a los valores que la prensa hegemónica cree como los “correctos” para la masa candidata. Para ellos, es mejor un emprendedor añejo y lobista, que un candidato joven surgido desde las ilusiones de miles de ellos, por cambiar todo este país. He aquí el espacio de unas verdaderas URNAS DE CAMBIO, donde el único responsable de que nuestra política generacional se renueve, es el ciudadano de a pie con su voto. No se trata de votar por el mal menor, se trata de votar por el número con la opción joven. Porque como decíamos en esas interminables tertulias con los próximos candidatos jóvenes de nuestra región al parlamento: “no importa en qué partido se milite por ahora, siempre y cuando se trate de hacer política útil, política que cambie el país. Este es el momento histórico de cambiarlo todo”. Aprendamos a votar, votemos por los jóvenes.