La discriminación y sus diversas manifestaciones, a propósito de la muerte de George Floyd

La muerte de George Floyd bajo la rodilla del policía Dereck Chauvin en Minneapolis en Estados Unidos, en plena pandemia mundial por el Covid 19, no solo generó la indignación y rechazo mundial a través de una serie de protestas y enfrentamientos violentos en contra de la policía; sino que además, agudizó un problema social marcado por la violencia y abuso policial en contra de los afrolatinos, cuyos antecedentes se remontan a 400 años de racismo acumulado por parte de quienes defienden y pregonan la “ideología de superioridad” de una raza frente a las demás.

Estos actos de brutalidad policial, nos mostraron una vez más, perjuicios racistas y actitudes psicopáticas arraigadas en los cuerpos de seguridad policial, caracterizadas por el desprecio hacia la vida de los ciudadanos negros, representados en este caso, por una persona de tales características, que tendido en el suelo, suplicaba por su vida, señalando que no podía respirar, mientras un grupo de policías blancos se mostraban totalmente indiferentes, sin inmutarse para nada, observando que uno de ellos presionaba con sus piernas el cuello de su víctima, hasta causarle la muerte.

La discriminación por razones de raza, azota el mundo y cobra muchas vidas humanas, como si se tratara de una epidemia que se extiende y propaga sin control alguno, y que, así como ocurre en muchas partes del mundo, afecta principalmente a aquellas personas desprotegidas y segregadas económica y socialmente, por parte de gente abusiva y prepotente que se cree “superior” y con derecho a arrancarles la vida, dentro de un contexto social desigual e inequitativo carente de normas y políticas de estado que prevengan y sancionen este mal endémico racista y xenofóbico.

Aunque nos cueste aceptarlo, vivimos en un país en donde se repiten estereotipos discriminatorios, caracterizados por el trato despectivo que expresan los “blanquitos pitucos” o “adinerados”, hacia la gente que no es de su “nivel”, y que presenta rasgos  físicos distintos o que proviene de la sierra o de una zona marginal, a quienes agreden verbalmente con frases y mensajes que contienen una alta carga racista, tratando de opacarlos y hacerlos sentir menos que ellos, tildándolos de “cholos” y “serranos”; como si provenir de la sierra o de alguna barriada fuese un motivo para sentirnos inferiores o de menos valor que los demás; cuando de lo que se trata es de mantener nuestra identidad y nuestros orígenes con orgullo, sin negar de donde provenimos, sin avergonzarnos de nuestros antepasados, manteniendo la frente en alto, sin sentirnos inferiores ante nadie.

Las personas que se identifican como lesbianas, gays, bisexuales, transgénero o intersexuales, o son percibidos como tales, corren más peligro de ser hostigados y víctimas de discriminación debido a su orientación sexual e identidad de género; hechos que se producen en todos los ámbitos de la sociedad, en donde ha hecho costumbre mirar con indiferencia y menosprecio a las personas con dichas tendencias de carácter sexual, encarnando la discriminación en todas las áreas de la vida.

Hace poco se conoció el testimonio de un compatriota nuestro, quien contrajo el coronavirus durante su paso por Europa y al retornar a nuestro país, fue diagnosticado con dicha enfermedad, por ello, fue catalogado como el paciente “cero”, pero con el transcurrir de los días, fue recuperándose de manera satisfactoria al igual que sus familiares, luego de dar cumplimiento a los protocolos sanitarios establecidos. Pero esta persona, tuvo que librar dos batallas, una de ellas en contra del COVID 19 y además tuvo que soportar una ola de ataques de histeria colectiva, a través de mensajes de odio, de ira, de quienes lo responsabilizaban de haber traído dicha enfermedad al país, enfrentando estigmas y actos de discriminación; sin reparar el hecho que dicha enfermedad, al igual que muchas otras, podrían tocar nuestras puertas en cualquier momento; nadie está libre de contagiarse o de padecerlas sin distinción alguna, por razones de edad, raza, sexo,  condición social, económica o de otra índole.

La discriminación laboral también existe, a causa de razones que no están relacionadas con su desempeño laboral, y que se vinculan a criterios motivados por la raza, color de piel, la religión, el sexo, la apariencia física o por cualquier criterio ajeno al acto laboral en su mismo. Demasiado viejo, demasiado joven, mujer con hijos, mujer subida de peso, no sirves para el puesto. Los afectados sufren agravios como salarios más bajos, horarios abusivos, ataques personales, menores opciones de promoción profesional o menosprecios y exclusiones por parte de sus compañeros.

En lo concerniente al deporte, en nuestro país se han presentado numerosos casos de discriminación hacia algunos deportistas, una de las razones más frecuentes son sus raíces indígenas de donde provienen, o razones vinculadas a aspectos raciales.

Definitivamente, duele ser discriminado, no merecemos ser tratados de manera diferenciada con respecto a los demás, no puede concebirse una democracia sin igualdad ante la ley y sin eliminación de todo tipo de discriminación por motivos de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquier índole; conforme lo establece la Constitución Política del Estado (Artículo 2, Inc. 2). Consideramos que resulta de suma importancia, la reacción que podamos tener ante un acto de discriminación que nos pueda afectar, haciéndonos respetar como personas, apostando en todo momento por un mundo igualitario, en donde seamos seres de igual valorasí como reclamaba Felipe Pinglo Alva, en su Vals “El Plebeyo”-, denunciando oportunamente todo acto que se oriente a menoscabar el reconocimiento de nuestros derechos; haciendo prevalecer el principio de igualdad. De allí la importancia de conocer normas internacionales y nacionales que prohíben la discriminación y que podemos invocarlas si nos consideramos afectados. Así, podemos citar la Declaración Universal de Derechos Humanos (Artículos 1° y 7°), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (Artículo 2.1°, y 26°), la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Artículo 1.1° y 24°), Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (Artículos II Y XII), Convención sobre los Derechos del Niño (Artículos 28°, 29° y 31°), Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial, Convención Interamericana para la eliminación de todas las formas de Discriminación contra las personas con discapacidad, Convenio relativo a la Discriminación en materia de empleo y ocupación; y la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migrantes y sus familias (Artículos 7°, 13.3°, 25°, 28°, 30°, 43°, 45°, 54° y 55°). A nivel nacional se cuenta con la Constitución Política del Estado (Artículo 2°, Inc. 2), el Código Procesal Constitucional  (Ley N° 28237, Artículo 37.1), Ley de Igualdad de Oportunidades entre mujeres y hombres (Ley 28983), Ley General de la Persona con discapacidad (Ley N° 29973), Código Penal (Artículo 323°), Código de Protección y Defensa al Consumidor (Ley N° 29571, Artículo 1°, 13°, 38° y 64°).

Si la discriminación se produce en el Colegio, denúncialo ante la Dirección Regional de Educación o ante la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL), si se trata de un colegio particular, puedes presentar tu queja ante el Indecopi. Si ocurre en un centro laboral, acude al Ministerio de Trabajo, o a la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL). Si se produce en un centro de Salud, presenta tu queja en la Superintendencia Nacional de Salud (SuSalud). Si el acto se comete en un establecimiento de consumo abierto al público, acude ante Indecopi.

No olvidemos que la discriminación constituye un delito Contra la Humanidad y se encuentra tipificado en el Artículo 323° del Código Penal, en los siguientes términos: “El que, por si o mediante terceros, realiza actos de distinción, exclusión, restricción, o preferencia que anulan o menoscaban el reconocimiento, goce o ejercicio de cualquier derecho de una persona o grupo de personas reconocido en la ley, la Constitución o en los tratados de derechos humanos de los cuales el Perú es parte, basados en motivos raciales, religiosos, nacionalidad, edad, sexo, orientación sexual, identidad de género, idioma, identidad étnica o cultural, opinión, nivel socio económico, condición migratoria, discapacidad, condición de salud, factor genético, filiación, o cualquier otro motivo, será reprimido con pena privativa de la libertad no menor de dos ni mayor de tres años, o con prestación de servicios a la comunidad de sesenta a ciento veinte jornadas”.   

Depende de nosotros decidir si juzgaremos a alguien por la forma como luce, por su apariencia física, por sus capacidades o discapacidades, su color de piel, su raza, su opción sexual, su status económico, su religión, su procedencia, etc. Respetemos la personalidad, las opiniones, los  gustos y los intereses de los demás. Tratemos como quisiéramos que nos traten a nosotros, y respetemos como quisiéramos que nos respeten; sólo así alcanzaremos la tan anhelada igualdad.  



Johny Díaz Sosa

Abogado y M. CS.