En medio de la emoción que embarga al mundo católico por la elección del nuevo Sumo Pontífice, León XIV, un testimonio emerge desde las alturas de Cajamarca con un matiz único y profundamente humano. Se trata del testimonio de Nando Villanueva, exconsejero regional por la provincia de Santa Cruz, quien compartió una etapa de gestión pastoral con el entonces obispo de Chiclayo, Robert Francis Prevost, hoy Papa León XIV.

Villanueva recuerda una lucha que comenzó con una inquietud legítima: el abandono espiritual de los pobladores del Centro Poblado Udima, en el distrito de Catache, el más grande de su provincia.
“La Iglesia Católica apenas llegaba hasta allá, porque era administrada desde Oyotún, en la región Lambayeque. Los sacerdotes no acudían con regularidad y muchas otras iglesias empezaron a ganar terreno entre los fieles”, relata con serenidad.
Fue entonces cuando, junto a ciudadanos comprometidos como Julio Díaz, Rogelio Mestanza y el párroco de la iglesia La Inmaculada, Antero Céspedes, emprendieron una gestión firme ante la Diócesis de Chiclayo. La respuesta fue del propio obispo Prevost, quien escuchó con atención y sensibilidad la necesidad de este pueblo.

“Trabajé al lado del obispo Prevost. No puedo dejar de recordar su compromiso humano, su apertura al diálogo y su capacidad para comprender la realidad de los más olvidados”, expresa Villanueva.
El logro no fue menor. A través del Decreto N.º 081 del 30 de noviembre de 2015, firmado por el propio Robert Prevost, se oficializó el cambio de jurisdicción religiosa del Centro Poblado Udima. A partir del 1 de enero de 2016, el territorio pasó a ser parte de la Parroquia La Inmaculada de Santa Cruz. Desde entonces, la fe católica volvió a tomar fuerza en la zona, con visitas frecuentes de sacerdotes y una atención pastoral constante.

“El creador y el destino me permitieron trabajar en esa gestión con él, y hoy verlo convertido en Papa me demuestra que muchas veces no sabemos quién está al frente nuestro. Solemos valorar a las personas sólo cuando alcanzan los más altos cargos. Mi eterna gratitud, estimado Papa León XIV”, cuenta Villanueva, con emoción contenida, pero con la sobriedad que exige el momento.
El testimonio de Nando Villanueva se convierte así en una pieza entrañable del gran mosaico de vivencias que componen la historia del nuevo pontífice. Desde una pequeña comunidad en las montañas cajamarquinas, emerge una certeza: el nuevo Papa no solo lideró una diócesis, sino que supo tocar el corazón de pueblos enteros. Hoy, Udima, Santa Cruz, la región y el país celebran no sólo al líder de la Iglesia, sino a aquel pastor que una vez les tendió la mano cuando más lo necesitaban.
