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Criterio propio | Columnista

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Tener criterio propio debe ser un objetivo de todo ser humano, por ser una expresión incuestionable del grado de libertad que ha alcanzado.

La mayoría, hoy por hoy, pese al predominio de las redes sociales que generan cantidades navegables de información, se autolimita al papel de caja de resonancia de lo que ciertos intereses o grupos de poder expresan. Repiten y repiten, como disco rayado y sin darse cuenta del pernicioso juego al que han sido inducidos, lo que aquellos beneficiarios desean se escuche, lea o vea.

Aclaro que una línea de opinión, que por su definición y objetivos en el marco del ejercicio de las libertades de opinión y expresión está llamada a sumar en la construcción de mejores sociedades, es otra cosa y que la promovemos, defendemos y respetamos.

Tener criterio propio es opinar de modo libre y sin miedo pero, sobre todo, informadamente.

Es expresar un punto de vista siguiendo un proceso que implica educar y desarrollar capacidad de examinar y organizar la realidad con pensamiento crítico individual. Depende, entre otros factores, de la capacidad de lectura, leer mucho y de fuentes distintas y diversas, y adoptar o apropiarse de temas de interés.

Es también abrirse a asuntos simples, como responder a preguntas sobre la vida o temas concretos cotidianos y descartar cuestiones innecesarias. Es además alejarse de personas tóxicas, aquellas que invaden y avasallan y que siempre abusiva y egoístamente buscan dañar a los demás.

Es realizar una acción o emitir un juicio de valor con claridad, sobre cuáles son las cosas que debería tomar en cuenta para ello, es decir, con ideas precisas de lo que decimos y su relación con lo que hacemos. Es fundamentalmente ser coherentes.

Cada opinión o punto de vista debe ser sometido a nuestro filtro, para asegurar criterio propio. Que la inmediatez y rapidez, con la que la información aparece en las redes y en los medios de comunicación, no nos cautive, bloquee y engañe. Hay que contrastar siempre, cualquier información, para no hacer el papel de tonto útil.

La confianza y seguridad con la que nos expresemos, que tiene mucho que ver con una buena autoestima, en la perspectiva de esta columna, depende del rigor y profundidad del proceso cognitivo, que conlleva todo pensamiento crítico.

En orden a la cantidad de población sin criterio propio, encontramos sociedades paralizadas que no cuestionan lo heredado y por eso no evolucionan. Por ejemplo, son presas de la corrupción y la impunidad y no tienen capacidad de reacción para despojarse de ella. Viven, porque son usados como forma de presión y manipulación, manteniendo una irrealidad social.

Construyamos cuestionamiento, padres y madres, a partir de las experiencias de enseñanza y aprendizaje. Nuestros valores y formas de vida son fácilmente transmisibles a los hijos. En el papel de agentes socializadores y ejemplos constructivos de vida no debemos declinar. Si nuestros hijos no nos escuchan opinar, reflexionar o debatir los asuntos de la realidad social, estamos dejando ese proceso en manos ajenas y negándoles su derecho a tener una ciudadanía efectiva y activa y endosándoles un civismo distorsionado.

Una vida sin cadenas ni ataduras adquiere verdadera vigencia cuando se expresa con criterio propio. Es simplemente pensar, es conciencia e identidad.

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Mentirle al pueblo es traicionarlo | Por Eddie Cóndor Chuquiruna

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No es cierto que los aguablanquinos y pradinos hayamos sido incluidos en el “Corredor Vial 10”, gracias a los buenos oficios del señor Mesías Guevara Amasifuen. Tampoco que le hayamos “ganado la guerra” a la corrupción en Cajamarca y el Perú. También que algunos subprefectos provinciales y distritales velen por el desarrollo de sus pueblos y estén en funciones por ser ejemplos de rectitud y moralidad. Menos que las autoridades del Ministerio de Transportes y Comunicaciones y PROVIAS estén realizando trabajos de infraestructura vial en orden a las necesidades de los pueblos y que, en ese marco, hayan llegado hace unos días a los distritos de San Miguel por voluntad propia.

En esa perspectiva, es inaceptable que las autoridades del Gobierno Regional de Cajamarca, hayan dado un uso político -a su favor- a una lucha de dos pueblos dignos que, para ser incluidos en una vía que les corresponde por naturaleza, tuvieron que levantarse en lucha social por doce meses a fin de lograr su objetivo; justo en un momento en el que es deber de peruanos y peruanas, sobre todo de los “gobernantes”, dar respaldo a todo proceso moralizador y de inclusión en el país de cara a iniciar el bicentenario con mejor pie.

Abandonando todo tipo de escrúpulos y exigencias éticas, que impone ser autoridad, no han dejado de confundir y siguen mintiendo a cajamarquinos y cajamarquinas al mostrarse como benefactores y ninguneando a una lucha ejemplificadora que fue y seguirá -porque no ha terminado- siendo eminentemente social. Aprovechando y abusando de los espacios que las instituciones del Estado ofrecen, gracias a nuestros impuestos, han intentado minimizar hasta invisibilizar lo que pueblos como Unión Agua Blanca y El Prado necesitan y les conviene; usando a sus operadores que- en nombre de la libertad de prensa- publican cualquier cosa a cambio de unos cuantos cobres. Como a las autoridades de San Miguel, sólo les interesan las millonarias inversiones en “mantenimiento de caminos vecinales”.

Saben que en unos meses les tocará responder ante los electores en las urnas y que, como han hecho casi todo mal, serán castigados. Esa situación los tiene nerviosos y en lugar de componer las relaciones con los pueblos, a los que ojalá dejen de maltratar, las siguen profundizando. Han perdido la brújula y pueden terminar como Gregorio Santos y eso los tiene convulsionando.

Sentar bases para sociedades y gobiernos con ética pública y libres de corrupción, es un proceso sociocultural de mediano y largo plazo, que sólo lograremos con educación de casa y con calidad en valores. En ese sentido, debemos abandonar sentimientos oportunistas y promover -respaldando desde todo tiempo y lugar- acciones que nos ayuden a comprender e interiorizar en nuestras vidas que, mientras más corrupción haya en nuestros municipios gobiernos regionales y gobierno central, serán menos los servicios y derechos que tendremos como pueblos.

Debemos comprender que mientras haya corrupción tendremos, para una población que día a día crece, las mismas o menos escuelas, colegios, hospitales, unidades judiciales y fiscales, comisarías, carreteras asfaltadas, casas con electricidad, telefonía y, entre otros tantos beneficios que puede generar una gestión transparente y gobierno honesto, programas sociales productivos y sostenibles como el turismo y otros.

La reconstrucción moral del país ya no es una opción, en este tiempo, es un imperativo. En esa ruta debemos caminar, rescatando a la política de las garras de las organizaciones delictivas que la tienen secuestrada y que no se quieren ir.

Queda claro que, los caciques de la política y eternos candidatos en todos lados, jamás enarbolarán valores y principios que hacen a una coexistencia social en democracia, la vida, la diversidad, la naturaleza y cualquier derecho humano; lo que nos motiva a invitarlos -una vez más- a dar un paso al costado a fin de que no hagan más daño.

No permitas que la mentira y el miedo, dos de las principales armas de la corrupción, te roben tu futuro y el de tus descendientes.

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