El Programa Nacional de Alimentación Escolar Wasi Mikuna atraviesa una grave crisis institucional tras la renuncia de su directora ejecutiva, Nadya Villavicencio Callo, y otros dos altos funcionarios, por discrepancias con la ministra de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), Leslie Urteaga. La dimisión ocurre apenas dos meses y medio después de que Villavicencio asumiera el cargo, en medio del escándalo de corrupción heredado de Qali Warma, el antiguo nombre del programa.
Según fuentes del propio Midis, el conflicto se originó luego de que la ministra Urteaga ordenara la paralización nacional de la entrega de alimentos escolares el pasado 16 de abril, tras la intoxicación de 300 menores en 16 regiones. Mientras la ministra optó por suspender la distribución de todos los productos, los funcionarios de Wasi Mikuna buscaron una salida junto a los proveedores para no dejar sin alimentos a más de 4 millones de escolares.
El equipo liderado por Villavicencio propuso distribuir canastas básicas sin enlatados, considerados de riesgo por el Midis, pero esta decisión fue anulada por Urteaga el mismo día de su emisión. Todo esto ocurrió en la antesala de su interpelación en el Congreso, lo que, según fuentes, influyó en su decisión de mantener el control total del programa en medio del escándalo.
Pese a que el 8 de mayo la ministra levantó parcialmente la suspensión, la tensión interna no se disipó. Cuatro días después, Villavicencio, junto al jefe de la Unidad de Contrataciones, Víctor Farfán Reyes, y la jefa de Supervisión, Florita Chávezarroyo Mauricio, presentaron sus renuncias irrevocables. El vacío de liderazgo ha encendido alarmas entre padres de familia y proveedores, preocupados por la continuidad del servicio alimentario escolar.
Con tres directores en menos de seis meses, Wasi Mikuna evidencia una inestabilidad preocupante. La gestión de Urteaga es cuestionada por no presentar pruebas técnicas que respalden sus decisiones, mientras el reemplazo temporal de la dirección recae ahora en el jefe territorial de Lima y Callao, Willman Ardiles Alcázar. El futuro del programa y la seguridad alimentaria de millones de niños peruanos está, nuevamente, en juego.