Casustica del delito de acoso sexual en diferentes escenarios y contextos sociales

El artículo 176-B del Código Penal, regula el delito de Acoso Sexual, tipificándolo en los siguientes términos: “El que, de cualquier  forma, vigila, persigue, hostiga, asedia o busca establecer contacto o cercanía con una persona, sin el consentimiento de esta, para llevar a cabo actos de connotación sexual, será reprimido con pena privativa de la libertad no menor de tres ni mayor de cinco años e inhabilitación, según corresponda, conforme a los incisos 5, 9, 1, y, 11 del artículo 36°. Igual penal se aplica para quien realiza la misma conducta valiéndose del uso de cualquier tecnología de la información o de la comunicación.

La pena privativa de la libertad será no menor de cuatro ni mayor de ocho años e inhabilitación, según corresponda, conforme a los incisos 5, 9, 10 y 11 del artículo 36, si concurre alguna de las circunstancias agravantes:  1.- La víctima es persona adulta mayor, se encuentra en estado de gestación o es persona con discapacidad. 2.- La víctima y el agente tienen o han tenido una relación de pareja, son o han sido convivientes o cónyuges, tienen o han tenido una relación parental hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad. 3.- La víctima habita en el mismo domicilio que el agente o comparten espacios comunes de una misma propiedad. 4.- La víctima se encuentra en encuentra en condición de dependencia o subordinación con respecto al agente. 5.- La conducta se lleva a cabo en el marco de una relación laboral, educativa o informativa de la víctima. 6.- La víctima tiene entre catorce y menos de dieciocho años. 

La connotación sexual como elemento del tipo penal del delito de acoso sexual, implica que el lenguaje utilizado se refiera a temas o frases relativas al sexo, conforme lo expone el Juez Superior de Ayacucho, Jelio Paredes Infazón (“El delito de acoso sexual en el Perú: diagnóstico y análisis”Legis Perú, Pasón por el Derecho), el agente con pleno conocimiento, realiza contra la víctima pellizcos, roces corporales, abrazos o frases de cariño no deseados, insistencia en invitaciones a salir, ofensas de naturaleza sexual, fotografiar partes íntimas, filtreos de naturaleza sexual, contar chistes sexuales, hacer comentarios sexuales sobre la ropa de una persona, su anatomía.

También podría considerarse como tales actos, el hecho de  mirar, silbar, emitir sonidos o gestos sexualmente sugestivos como ruidos de succión, guiños o movimientos pélvicos, mostrar o difundir dibujos o fotos sexualmente implícitos, amenazas o sobornos directos o indirectos para una actividad sexual no deseada, pidiendo repetidamente a una persona una cita, o tener relaciones sexuales, insultos como perra, puta o zorra; mirar de una manera ofensiva, preguntas no deseadas sobre la vida sexual personal, tocamientos, abrazos, besos, caricias o roces no deseados, tocarse a sí mismos sexualmente para que otros lo vean.

Debe tenerse en cuenta también, que las conductas antes descritas requieren que no exista el consentimiento por parte de la víctima, además, no solo los hombres acosan a las mujeres, las mujeres también pueden acosar sexualmente a otros hombres o a otras mujeres. No existe una diferencia de género en cuanto a los acosadores; sin embargo, son más recurrentes y frecuentes las denuncias formuladas en contra de los hombres por parte de las mujeres que se sienten forzadas a asumir una posición de subordinación frente a ellos en diferentes escenarios.    

Por ello, el delito de acoso sexual puede cometerse en diferentes escenarios y contextos sociales distintos a la calle, que en tiempos no muy lejanos, era el lugar en donde los acosadores asediaban y hostigaban sexualmente a sus víctimas. Respecto a las mujeres, el estudio “La Mujer en el Perú. Rol de la mujer en la sociedad” de Datum Internacional, coloca al Perú en el segundo lugar en el que las mujeres afirman haber sufrido acoso sexual (41%) en el último año. Las mujeres peruanas indican haber sido víctimas de acoso sexual; en el trabajo (14%), en el centro de estudios (4%), el ámbito social (23%) y en otros lugares (20%). Veamos algunos casos que los compartimos con ustedes:

El año 2018, se conoció un caso lamentable de Eyvi Liset Agreda Marchena, quien era asediada constantemente por un sujeto que la pretendía, y al verse rechazado, la atacó en un bus luego de rosearle gasolina. La periodista Melissa Peschiera vivió un infierno por parte de su acosador quien había entrado a su casa a dejarle un ramo de rosas el día de su cumpleaños, luego de lo cual, la empezó a seguir y enviar mensajes reiterados a su teléfono celular, como: “Perro, perro. Soy tu perro. Máteme, pégame, patéame, hazme todo lo que quieras, yo te amo”.

La periodista consideró que su dignidad estaba pisoteada, su tranquilidad secuestrada y su paz ultrajada; narrando de este modo su calvario: “Un acosador, violador, secuestrador o asesino puede hacer lo que le dé la gana. Hasta que no te matan, nadie hace nada”, ”tengo garantías, pero estas no detienen al delincuente”. Hace poco, reportó un caso en el país de México, en donde un acosar cibernético, acostumbraba a acosar sexualmente a sus víctimas, a quienes les escribía haciendo uso de redes sociales, utilizando frases subidas de todo y connotación sexual, las invitaba a a salir de manera insistente, y al verse rechazado, las abordaba, secuestraba, abusaba sexualmente y las ultimaba.

Otro caso que trascendió mucho y remeció en ambiente político en nuestro país, se presentó el año 2019 en el Congreso Legislativo disuelto, en donde suspendieron a un Congresista por recomendación de la Comisión de Ética, que lo investigó por acosar a una periodista, para lo cual, utilizaba mensajes vía watssaph.

En ese mismo escenario, una congresista denunció a un periodista que cubría información dentro del hemiciclo legislativo, imputándole el hecho de haber publicado fotos íntimas de ella en ropa de baño, fotos que le habían sido tomadas en su vida privada y mientras dormía, insinuándose repetidamente, dentro de un entorno laboral mostrando su obsesión hacia ella, hecho que diera lugar a que sea denunciado penalmente por el delito de acoso sexual. Llamó la atención que mucha gente considerara la denuncia como un exceso de victimismo o un atentado contra la libertad de expresión, culpándola a la denunciante por andar exhibiéndose, considerando qué si una mujer no quiere ser acosada, debe encerrarse en su casa y no mostrarse públicamente.

El caso de esta congresista arrastra ese remanente colonial que miles de peruanas sufren hasta hoy, aquella idea arraigada desde hace mucho tiempo atrás, que se orienta a culparlas de provocar las miradas masculinas que se desvían sin querer queriendo, y para evitarlo, deben esconder su cuerpo, sin poder mostrar sus piernas en minifalda, bikini o en short.

Reprochable resulta entonces, que en algunos casos, cuando la víctima es una mujer, se convierta en “culpable”, debido a que le piden que ofrezca testigos, le preguntan cuál era la ropa usaban al momento de ser acosadas, cuestionando sus denuncias, utilizando preguntas sexistas, y responsabilizándola por haber usado faldas cortas, por bailar insinuantemente o por acostumbrar a salir por la noche los fines de semana; olvidando el buen trato y la confidencialidad que debería primar para atender las denuncias.   

En octubre del 2018, la Comisión Especial para la Intervención Frente al Hostigamiento Sexual de la Pontificia Universidad Católica del Perú, decidió destituir a un Catedrático, denunciado por una trabajadora administrativa, quien dijo haber sido víctima de una conducta de connotación sexual no deseada, precisando que en una ocasión el denunciado le preguntó si era activa sexualmente con su esposo, en otra oportunidad  le dijo que se sentía atraído por ello, y al mes siguiente le habría manifestado que como todo hombre, tenía necesidades fisiológicas, y al no encontrar reciprocidad, empezó a controlar sus movimientos, significando ello expresiones y conductas típicas de una hostilización sexual asociada al abuso de poder de un superior jerárquico, quien trató de minimizar el hecho diciendo que la controlaba debido a sus cada vez más frecuentes ausencias e incumplimientos, negando haberle pedido tener sexo, que la veía como una hija, y es ella quien le pedía consejos sobre su matrimonio y que sus recomendaciones habían sido sacadas de contexto.  

Pero no solo en el trabajo o en el centro de estudios puede cometerse este delito, también se puede materializar dentro de un contexto sentimental de ex parejas de enamorados qué al término de su relación, lejos de alejarse, asumen conductas de vigilancia, persecución, hostigamiento o asedio, tratando de forzar un contacto o cercanía con su ex pareja, para fines de connotación sexual. Similares comportamientos se presentan dentro de un escenario convivencial (cónyuges o convivientes), donde los protagonistas se niegan a dar por terminada la relación, obligando a sus ex parejas retomar la relación, acosándolas sexualmente de manera constante, llegando muchas veces a atentar contra la vida de sus víctimas al sentirse rechazados. 

Por ello, resulta de mucha importancia que debamos de entender que tenemos derecho a trabajar, estudiar o vivir en un ambiente libre de acoso y violencia sexual, por lo que ante una manifestación de este tipo, debemos denunciarlo inmediatamente ante las autoridades tutelares del Estado (Vgr. Ministerio Público y Policía Nacional), que deben intervenir de manera oportuna y efectiva, poniendo a buen recaudo a la víctima, en salvaguarda de su integridad y libertad sexual.

Como medios probatorios, debe documentarse, recopilarse y registrarse detalladamente los comentarios, frases o acciones dirigidas de parte del acosador que acostumbra a utilizar textos inapropiados enviados mediante watssaph, correos electrónicos, o mensajes vía messenger que podrían perennizarse a través de “capturas de pantalla”; o grabación de llamadas telefónicas que se realicen para tales fines, evitando de este modo que se cuestione la denuncia por acoso sexual.

Debemos enfrentar y encarar al acosador, haciéndole saber que sus bromas, comentarios o comportamientos resultan ser incómodos, inapropiados y reprochables, y que podrían ser denunciados penalmente; de este modo, se tratará de frenar a tiempo estas prácticas ilícitas muy frecuentes en el trabajo, en el centro de estudios, o en el lugar de residencia.     



Johny Díaz Sosa

Abogado y M. CS.