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ENYEL ASENCIO

Carnavalón de congresistas

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Como en nuestra variopinta festividad carnavalesca, las elecciones 2020 –proceso electoral para la complementación de parlamentarios por la disolución del Congreso el pasado #30S– la gran cantidad de partidos nacionales y aún más la infinidad de movimientos regionales, han iniciado la aspiración de hacer ingresar –siquiera– un parlamentario, a los por ahora seis cupos al Congreso que tiene nuestra región de Cajamarca, dicho sea de paso, este artículo se centrará brevemente en la calidad de congresistas para los siguientes dieciocho meses que ejercerán los nuevos y fugaces parlamentarios que sean electos el 26 de enero del próximo año.

Como decía el investigador político Murray Endelman, el espectáculo político es el patrón de politización de la realidad que los medios imponen a través de sus noticieros, esto ha conducido a un proceso electoral rápido donde el cálculo político ha pesado más –para la mayoría de organizaciones que pretenden llegar al parlamento, este enero próximo– que un programa de gobierno. O es que acaso irán solo a recibir el sueldo y ver qué pasa camino al 2020 con sus partidos y agrupaciones.

Legislar no es cualquier cosa, porque nos puede conducir a una crisis nacional como la actual, o en casos peores como las que se viven en estos días en el mundo y en el país vecino de Chile. Necesitamos oxigenar la política y sus representantes –qué duda cabe–, pero no podemos caer en el espectáculo político que la derecha ya ha preparado desde sus instituciones, medios de comunicación y el gobierno anti trabajador de Vizcarra.

El regreso rápido a la democracia luego de la caída de la dictadura, bajo el mismo juego electoral impuesta por los más grandes poderes económicos en nuestro país, alineados a la Confiep, ha hecho que la región Cajamarca cuente con un total de veintidós congresistas elegidos en los últimos cuatro procesos electorales, cabe recalcar que desde las elecciones parlamentarias del 2011, Cajamarca por su distribución e incremento poblacional cuenta ya con seis cupos parlamentarios de representación en el Poder Legislativo –según informes recientes pasaríamos a tener siete (dato aún por confirmar)– lo curioso de todo esto es que nuestros representantes en el Parlamento, en su gran mayoría, casi duplicando las cifras, han tenido una postura de centro derecha o de derecha en su totalidad. Recordemos que el actual gobernador regional, Mesías Guevara, fue elegido congresista en el año 2011 por la hoy comprobada organización criminal de Perú Posible, investigada fuertemente por ser parte de la red de codinomes, que licitaron obras a favor de Odebrecht.

De los veintidós congresistas elegidos desde las elecciones del año 2001 hasta la última del 2016, se ha tenido un total de quince congresistas electos por tendencias de partidos de derecha y solo siete electos por tendencias de partidos de izquierda, demostrado que parte de la reducción de presupuesto en la región se debe a la falta de iniciativa legislativa. Así, muchos congresistas cajamarquinos que en su mayoría han sido elegidos con partidos que podrían asegurar leyes en beneficio de nuestra región a ojos cerrados, pero como sabemos han pasado sin pena ni gloria, como el caso de los ex congresistas disueltos que iniciaron su carrera legislativa sin ser electos por el pueblo –ya que en Cajamarca los más votados fueron los candidatos que participaron por Democracia Directa, solo que no alcanzaron una curul por no superar la valla electoral, a nivel nacional– y terminaron apoyando el bochornoso show de blindaje y corrupción del aprofujimorismo en el Congreso.

En su mayoría, Cajamarca ha tenido congresistas mediocres, que han pasado al olvido como referentes de lo que no se debe hacer en política, propiamente quedarse callados o no tener iniciativa de cambiar las cosas.

A puertas de un nuevo proceso electoral, hay aspirantes a los curules cajamarquinos, pero cual entrada de carnavalón, solo son bulla, griteríos y escándalo. Es verdad, necesitamos representantes que ayuden a mejorar el país, pero no caigamos en el emocionalismo barato y electorero, dejemos de creer en el espectáculo político promovido por los poderes fácticos de derecha, y empecemos a proponer candidatos que tengan una carrera profesional buena, con principios, y que al menos conozcan de cerca lo básico de la administración pública, porque de experiencias de lobbys en los privados ya tenemos suficiente con el APRA y el fujimorismo. No debemos repetir esas transgresiones nuevamente.

Es saludable que muchos ex dirigentes de gremios –amigos en su mayoría– se lancen a la política real fuera de los claustros académicos, pero la pregunta hoy no es si es de izquierda o de derecha, sino qué es lo que van a hacer en estos 18 meses de gestión legislativa, cuántos proyectos de ley tienen bajo la manga, y en el último de los casos, cuál es su experiencia en el crítico sector público; ¿o acaso pensamos retornar al Congreso para que la tarea lo sigan haciendo los asesores y el equipo de gestión? Ya no necesitamos payasos en política, con sus trolls en las redes, ni falsos dirigentes vende humo, o supuestos “emprendedores”; necesitamos caras nuevas no solo en juventud, sino en representación, que le den utilidad a la política; personas que asuman que todo es construido, pero que además se debe de creer en algo parecido a una religión cívica por la defensa de la patria.

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ENYEL ASENCIO

Las ánforas del cambio | COLUMNISTA

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Cronograma en mano, y fichas de afiliación en las puertas del Jurado Nacional de Elecciones – JNE, para ser incorporadas al Registro de Organizaciones Políticas – ROP, como muestra del caótico inicio de la carrera electoral a la presidencia y al parlamento peruano 2021. Así se dan comienzo las elecciones del Bicentenario en nuestra patria, sin haber superado la crisis ocasionada por la pandemia del Covid-19. Las noticias se han olvidado de las cifras catastróficas que nos enlutan como país, tanto como de los innumerables ciudadanos que aún se disputan una cama o un respirador artificial en los hospitales del territorio patrio. Pero hoy no hablaremos de la crisis sanitaria, hoy nos enfocaremos en la poca ilusión que nos causa regresar a las ánforas. Sincerándonos, un proceso eleccionario sin una pisca de emoción.

La democracia está tan sobrevalorada que las nuevas reglas de juego solo han demostrado el pésimo reformismo que disfraza una vez más la crisis política de nuestra patria. Reformismo que con la paridad y alternancia en las listas de candidatos, no garantiza en nada que el próximo parlamento sea paritario. Reformismo como la no cancelación de la inscripción de los partidos por oscuros aportes de campaña; a lo mucho sanciones minúsculas. Así empieza la carrera electoral exprés hacia la presidencia y el parlamento, que a decir verdad en nuestra región solo ha demostrado que lo importante es completar la plancha a como dé lugar, incluso si viejas cúpulas terminan reciclándose en partidos distintos a los que respondían en un principio. Para ellos, todo es posible por una curul.

Este último mes en Cajamarca, las tertulias con amigos ex dirigentes estudiantiles, sociales y jóvenes activistas políticos, me llevaron a reflexionar sobre los actuales partidos de izquierda, centro y derecha, y si éstos habían siquiera analizado a profundidad sobre las nuevas opciones políticas, que por ley deberían llevar ahora en sus listas. Decenas de amigos, amigas, compañeros y compañeras me comentaban que era su momento de dar un paso al costado de los utópicos idealismos zurdos y/o conservadores (en algunos casos), e iniciar un proyecto completamente nuevo, que empiece por romper con las viejas prácticas partidarias, y tomar el poder desde los espacios que mínimamente les han otorgado para este proceso electoral, partidos con opción considerable según las encuestas actuales.

Particularmente considero que luchar por el CAMBIO no se puede hacer desde un solo flanco –y/o trinchera, si los rojos así lo quieren– y menos desde donde las viejas y nuevas guardias han aprendido y heredado que solo es valedero las opciones caudillistas, a quienes se las coloca como cabeza de lista electoral.

Valgan verdades, a la actualidad la “unidad” de la izquierda ya no se sostiene en la convergencia programática, ni mucho menos en la plataforma de las ideas. A decir verdad, es nostálgica de las épocas y glorias del pasado. Pero lo más grave y sintomático es que la izquierda millennial, tanto como la reciclada, han abandonado el propósito de construir poder popular.

Decenas de buenos actores políticos, cuadros jóvenes que de seguro renovarán la política en nuestra región, este reciente miércoles treinta de setiembre se han incorporado a sus nuevos partidos políticos. Serán candidato/as, y dejarán su militancia de primaveras universitarias para enfrentar desde otras tribunas –alejadas, en algunos casos, a las de su formación política– para ganar un espacio merecido, pero que se les fue esquivo en sus partidos primigenios, como voceros o candidatos, por años.

Nuestra historia cultural en las urnas, va unida a los valores que la prensa hegemónica cree como los “correctos” para la masa candidata. Para ellos, es mejor un emprendedor añejo y lobista, que un candidato joven surgido desde las ilusiones de miles de ellos, por cambiar todo este país. He aquí el espacio de unas verdaderas URNAS DE CAMBIO, donde el único responsable de que nuestra política generacional se renueve, es el ciudadano de a pie con su voto. No se trata de votar por el mal menor, se trata de votar por el número con la opción joven. Porque como decíamos en esas interminables tertulias con los próximos candidatos jóvenes de nuestra región al parlamento: “no importa en qué partido se milite por ahora, siempre y cuando se trate de hacer política útil, política que cambie el país. Este es el momento histórico de cambiarlo todo”. Aprendamos a votar, votemos por los jóvenes.

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ENYEL ASENCIO

El otro Covid

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Quién hubiera imaginado que el año 2020 sería el de las confrontaciones por redes sociales, apuntando de un lado y otro a los supuestos responsables de que un país en vías de desarrollo como el Perú –el país del milagro económico, el país de las interminables crisis políticas–, tuviera ahora que asumir la crisis sanitaria por el COVID19, circunstancia extraordinaria que ha puesto en jaque a todo nuestro Estado, a toda la estructura administrativa del país. Quién iba a pensar que una simple molécula invisible pero letal, demostraría una vez más que el sistema capitalista impuesto por la Constitución del 93 destaparía la precaria –pero ya conocida– crisis del modelo, esta vez centrándose en el colapsado sistema de salud peruano.

Pero el país, dirigido, administrado, informado y educado a su talante desde las oficinas del distrito limeño de San Isidro, por la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas – CONFIEP, ha caminado en modo “piloto automático” en lo que se refiere a “la Libertad de Mercado del más fuerte o del más corrupto”, por más de dos décadas. Hablar de la crisis moral de estas gigantescas empresas, hoy vinculadas a la corrupta ODEBRECHT, nos permite verificar que la peor pandemia que ha vivido nuestro país desde su iniciada era republicana, es la corrupción de la Oligarquía criolla, que a decir verdad, la crisis actual que vive el país solo les resulta una oportunidad para lucrar en conjunto con sus secuaces impregnados en altos cargos dentro del Estado; al fin y al cabo, tienen como su mejor carta de blindaje a la espuria Constitución de Fujimori y Montesinos, amiguísimos éstos de Graña y Montero, Grupo Romero, Conglomerado Intercorp, Buenaventura, etc.

Ya lo decía el Contralor General de la República, Nelson Shack, en nuestro país lamentablemente casi el 10% del presupuesto público anual se pierde en transacciones irregulares, vale decir en actos de corrupción. Desde obras guiadas bajo la mesa en un chifa o pollería, hasta el anómalo incremento de adendas o consultorías para la ejecución de obras, siendo estas sobrevaloradas al doble o triple de su presupuesto inicial. Toda esta enfermedad administrativa por parte de la gran mayoría de las entidades del Estado a nivel nacional y las empresas privadas, ha sido el modus operandi que desde la CONFIEP, ODEBRECHT Y LOS PRESIDENTES DE TURNO diseñaron, y ha sido símbolo de aprendizaje para las obras al interior del país.

17 mil millones de soles es lo que le cuesta al país cada año las moviditas de nuestras autoridades, moviditas que vuelven millonarios a alcaldes, gerentes, regidores, dueños de empresas y consorcios que nacen justo meses antes de las juramentaciones de las nuevas autoridades, disolviéndose mágicamente si la obra es cuestionada. Centrándonos en la coyuntura actual y poniendo como ejemplo al nuevo Hospital de Ate Vitarte, hoy Hospital Covid19, con un costo de 125 millones de soles (monto sobrevalorado según expertos), se hubieran podido construir en promedio 136 hospitales a nivel nacional; hospitales y centros de salud que gran falta hacen en este momento de crisis sanitaria en nuestro país. Pero el modelo de país que la CONFIEP añora es aquel que construye y renueva cosos taurinos, conchas acústicas, plazuelas, monumentos, carreteras mal hechas, etc., porque en este país de todas las sangres, la educación y salud no importan más que el interés económico que les genera el cemento a los directivos de la Confiep.

Según la RAE, el significado de ‘pandemia’ es: “una enfermedad que se extiende o ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”. Entonces, se puede concluir que el Perú ha tenido como peor amenaza antes, durante, y después de esta pandemia a EL OTRO COVID DE LA CORRUPCIÓN, aquel que seguirá entre nosotros, interactuando como de costumbre a través de los altos funcionarios y directivos elegidos a dedo, aquellos que son capaces de sobrevalorar montos en pleno estado de emergencia sanitaria, como el ya retirado Director de la Red de Salud de Cajamarca, quien es ahora investigado por la comisión de actos ilícitos, propiamente por la compra sobrevalorada de 45 millares de tarjetas Kardex (al triple de su precio comercial). Así como también, la infinidad de denuncias de sobrevaloración de canastas para apoyo a familias en condición vulnerable, que pesan ahora sobre varios alcaldes provinciales y distritales.

La especulación, el alza de precios, han demostrado que convivimos con el COVID de la corrupción, aquel heredado a los hijos de los negociantes de nuestra independencia, quienes prefirieron apoyar a la España invasora que a las montoneras mestizas y serranas. El sistema está podrido, y lo que en efecto no se debe hacer, es pelear en redes sociales por quién tuvo primero la idea de un bono universal o quién habló primero del impuesto solidario a la riqueza. Hoy la lucha política debe ser el camino reivindicativo, aquel que nos exija reconstruir el país que ha destruido el COVID CORRUPTO, porque la pandemia y la cuarentena pasarán, y el pequeño empresario nacional, los independientes, informales y  trabajadores no reconocidos del día a día, levantarán el país. Hoy se entabla el verdadero debate, si seguimos en este modelo neoliberal anti-peruano, o damos el paso a un país donde se construya pueblo.

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